viernes, 6 de septiembre de 2013

#LoveAudrey


Mi nombre es Audrey (pronunciado Odri), como Audrey Hepburn, me llamaron así porque pensaron que los Golden Retriever tenían clase y elegancia, como la actriz. Nací el 3 de Mayo de 2012 en Salamanca y el 21 de Julio de ese mismo año llegué al corazón de mi familia en Madrid. 
Del principio de mi vida no recuerdo mucho, sólo sé que el día que llegué a mi nuevo hogar una veterinaria le explicó a mi nueva familia que no pesaba lo necesario para mi edad, que estaba desnutrida y que tenía algunas heridas extrañas.
El primer día todo era raro para mí, no conocía a aquellas personas, no estaba cerca mi verdadera mamá y la casa era nueva, pero en seguida me adapté, mi nueva familia, tanto perruna como humana, me ayudaron mucho.
Desde el minuto uno me dieron todo su amor y me llenaron de besos y mimitos, me regalaron juguetes e intentaban jugar conmigo aunque yo no les hacía mucho caso...
Mi nueva familia se preocupaba mucho por mí y por mis extrañas heridas, pero al poco tiempo de estar en casa les comenzó a preocupar algo más: mi comportamiento. 
Cuando me llamaban no les miraba a la cara ni a los ojos, no alzaba la vista y tardaba un rato en saber a dónde tenía que ir, iba dando vueltas por la casa y no hacía mucho caso a nadie.
Yo era feliz, me llevaban de paseo en coche, por el parque, a otras casas... las primeras semanas fueron complicadas porque no podía salir a la calle y me tenían que llevar en brazos, yo iba muy a gusto pero ya pesaba diez kilos porque había recuperado el peso que tenía que tener para mi edad y era algo difícil pasearme así!
Cuando empecé a salir a la calle, me llevaban a jugar con otros perros, pero yo no quería, me daban miedo y cuando se me acercaban a jugar lloraba mucho... tampoco aprendía a hacer pis y caca en la calle, no había manera, pero en una tarde aprendí a dar la manita, a sentarme, a tumbarme y a dar una vuelta, aunque seguía haciéndome pipí en casa y todo esto siguió preocupando a mi familia porque ya me iba haciendo mayor poco a poco y eran cosas básicas que debería ir aprendiendo a hacer.
Una semana me puse malita del estómago y me tuvieron que dar arroz con pollo para comer, me ponía muy agresiva porque pensaba que me iban a quitar la comida, ellos me reñían y se enfadaban mucho, pero yo no podía controlarme porque para mi era nuevo y estaba muy rico, tenía mucha ansiedad por la comida y alguna vez mordí a alguno de mis dueños y le hice sangre, el veterinario les dijo que probablemente habría pasado hambre en mi anterior casa y habría tenido que pelearme con otros perros por poder comer algo, les recomendaron esforzarse en corregir ese comportamiento porque sino cuando fuese mayor tendrían un problema muy importante conmigo y podría hacerles daño de verdad.
Mi nueva mami buscaba constantemente por internet qué me podía pasar, a veces les escuchaba decir que podría estar ciega, pero yo no me chocaba con nada, otras veces se preguntaban si existirían perros autistas, yo no sabía qué era aquello... sólo quería correr en círculos y ladrar, era feliz, y me gustaba dormir a los pies de los que tanto me querían.
Ninguno de los veterinarios que me vieron sabía qué me pasaba, me miraban los ojos constantemente y era muy molesto pero siempre decían que los tenía perfectos.
Un día, mi mami llegó a casa y dijo que iba a llevarme a la Universidad a una consulta especialista de la vista para que me mirasen los ojos a fondo, a los pocos días fuimos, muchas personas me vieron y tocaron y no encontraban nada extraño, todos decían que tenía los ojos muy bien pero también coincidían en que mi comportamiento era extraño, hasta que un señor entró en la consulta y le dijo a mi familia que había llamado a otro especialista porque lo que me pasaba no era un problema de vista era un problema neurológico, al rato llegó una señora y después de mirarme de nuevo les explicó que el problema que tenía se llama Hidrocefalia, se da cuando hay una acumulación excesiva de líquido en el cerebro y esto puede obstruir algún nervio, como el óptico. Les dijeron que puede ser heredada o adquirida (por un golpe, caída cuando era bebé...), aunque ellos pensaban que era de nacimiento, les aseguraron que yo no sentía dolor y que podría tener una vida normal, probablemente menos longeva que otros perros y me costaría más aprender ciertas cosas (como hacer mis necesidades en la calle), y lo más importante, que no tenía cura. 
Mi familia se puso muy triste. 
Los doctores les dijeron que se alegrasen porque estuviese con ellos ya que los perros que nacen con mi problema normalmente son sacrificados, dijeron que podían dar gracias a que hubiese caído en sus manos y tuviese la oportunidad de vivir. 

Yo también las doy.

Por fin pudieron ponerle nombre a mi enfermedad y es por esto por lo que os contaré cómo es mi extraña pero normal VIDA.